Argentina: Invitada a la 6ta reunión del BRICS.

En 2001, Goldman Sachs publicó un informe titulado Building Better Global Economic Brics.

Éste informe señalaba que en los años siguientes la mayor fuerza económica mundial la constituirían Brasil, Rusia, India y China, los países cuyas iniciales formaban el acrónimo que juega con la palabra brick, ladrillo en inglés. La “s” final era entonces sólo para indicar plural. Luego, ésta “s” fue asignada a Sudáfrica.

Éste informe pronosticaba que ya en una década, el peso de los Brics en el PBI mundial tendría impactos fiscales y monetarios en todo el globo y que las potencias del G-7 (países “ricos”) harían bien en contemplar tales cambios. También, que en menos de 40 años a partir de entonces las economías Brics superarían a las potencias –Estados Unidos, las mayores economías europeas y Japón–, que entonces suponían dos tercios del PBI mundial.

El cálculo resultó correcto: trece años después, ya esa tríada cayó a representar la mitad del PBI mundial, al tiempo que los Brics, que en 2001 significaban 8 por ciento, subieron a 25 por ciento del total. Cinco nuevas fuerzas que sostienen una cuarta parte de toda la economía global.

Como todo banco de inversión, Goldman Sachs sólo miraba “mercados” (y no países, sociedades, pueblos) “emergentes” para conveniencia propia y de sus clientes, que andan a la caza de bonos públicos y acciones de empresas en países y mercados que crecen.

Como marketing, la sigla Brics fue muy exitosa y al cabo de esa premonición los países involucrados en el nuevo bloque, que hasta entonces no soñaban con trabajar juntos, comenzaron a tejer ellos mismos acercamientos y alianzas.

Los líderes del Brics comenzaron a reunirse en 2006 en Nueva York, en el marco de la asamblea anual de la ONU, y allí convinieron en institucionalizarse.

Ya hicieron cinco cumbres: Yekaterimburgo, Rusia, en 2009; Brasilia en 2010; Sanya, China, en 2011; Nueva Delhi, India, en 2012, y Durban, Sudáfrica, en 2013. Y para la sexta, el mes que viene en Fortaleza, Brasil, Argentina fue invitada especialmente por Rusia.

En cada una de las citas se avanzó en mayor integración y negocios mutuos desde la perspectiva de la multipolaridad. Anunciaron la creación de un Banco de Desarrollo para los países del grupo, que inicialmente tendría un capital prestable de 50.000 millones de dólares, a partir de 2016. También creció exponencialmente el comercio “intrazona”, a un ritmo actual de 28 por ciento anual, y en monedas locales, sin dólares ni euros. Estudian crear una moneda común, en un mundo que bajó sus reservas en dólares del 85 al 60 por ciento del total. Por su parte, Rusia y China acaban de firmar un acuerdo gasífero por nada menos que 400 mil millones de dólares, en lo que los medios locales llamaron el “pacto del siglo”, negociado por más de diez años, y ambos tienen con Sudamérica y con Africa cada vez mayores lazos en comercio e inversiones.

Como lo hace en otros ámbitos, Argentina busca un nuevo protagonismo en el reformateo global. Acorde con su tamaño y recursos, ni más ni menos, busca tener políticas de Estado que superen las coyunturas de gobiernos.

Al ser hecha por Rusia, la invitación recrea la idea de los recelos que puede expresar Brasil cuando no logra por sí solo lo que le correspondería por peso económico, su liderazgo como voz sudamericana. Lo sufren de algún modo sus vecinos, cuando no avanza el Banco del Sur, por ejemplo, o Argentina cuando no logra imponer sus criterios industriales en los convenios comerciales de intercambio. Quizá pueda hacerlo más ágilmente el Banco de los Brics o negociaciones más amplias. En cualquier caso, coinciden los analistas, todo sería más difícil si desde esta región no se contara, aun con sus limitaciones, con un espacio común como es el Mercosur y construcciones políticas tales como Unasur y Celac.

Es una visión regional, integral, de convergencia, del potencial enorme que tiene el área sudamericana lo que puede darles a sus países una vinculación positiva con los países del Pacífico. Ambos espacios, frente a las decadencias relativas de Estados Unidos y más marcadamente de Europa, pueden entablar negociaciones muy convenientes para ambos. Y se trata de espacios en los cuales, al no haber sido cuna del capitalismo, más bien víctimas, se tejen formaciones económicas y sociales híbridas, novedosas, que podrían forjar un mundo más igualitario o un nuevo horizonte por el cual trabajar.

¿Argentina formará parte del BRICS? ¿Será BRICSA?

Como opinión personal, ésta unión fortalecerá a Sudamérica y podrá posicionar a nuestro país en donde, más allá de las políticas, deberíamos estar, por nuestros recursos y potencial.

Quedará en las decisiones monetarias, fiscales, arancelarias para lograr que éste inicio de nuevas oportunidades sea efectivo para la industria local.

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